
"That's the Story of My Life" desde el primer momento se nota que es una canción que sabe a dónde va. La base tiene un pulso constante, con guitarras claras y una batería que empuja sin ponerse encima. No hay capas de más ni adornos que distraigan. Todo está puesto para que la canción avance derecho, sin frenar ni acelerar de golpe.
La voz de Exzenya aparece segura, tranquila, como alguien que ya no discute con lo que está diciendo. No canta desde el enojo ni desde la euforia, canta desde un lugar más estable y casi cotidiano. Eso hace que frases que podrían sonar grandes se sientan normales, dichas como parte de la vida y no como una declaración. El estribillo levanta, se abre lo justo y vuelve a acomodarse.

Dentro del disco, este tema funciona como un cierre lógico. No porque explique lo anterior ni porque haga un resumen emocional, sino porque cambia el clima. Después de canciones más tensas o cargadas de preguntas, acá hay otra postura. No se siente como una llegada triunfal, sino como un punto donde alguien se sienta y dice “esto es lo que hay” y sigue.
Hay algo interesante en cómo toma una frase usada mil veces y la deja tal cual es. Eso le da un peso más cercano, menos armado, como cuando alguien cuenta algo personal sin buscar reacción.
No es una canción que te empuje a sentir algo puntual, más bien se acomoda al costado y acompaña. Cuando termina, no deja una sensación cerrada ni un mensaje claro. Queda flotando esa idea de que la historia sigue, incluso cuando el tema ya se apagó.
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