
El proyecto SLAPPER, liderado por el productor rumano Claudiu-Gabriel Tache desde finales de los años 90, llega a un punto especialmente maduro con "Hope". Este nuevo álbum busca envolverte en un recorrido emocional que avanza con paciencia, detalle y una clara intención narrativa. Hay una sensación constante de movimiento interno, como si cada pista fuera un paso más hacia la calma después del ruido.
En lo sonoro, se apoya en capas atmosféricas bien construidas, sintetizadores analógicos con carácter y una base rítmica que oscila entre el melodic techno y la energía del trance, sin perder ese pulso nostálgico que atraviesa todo el disco. La influencia de artistas clásicos de la electrónica se percibe más como espíritu, logrando un sonido cálido, cinematográfico y muy personal. Canciones como “Oxygen Kiss”, “Silhouettes” o “Velvet Harp” funcionan como puntos de anclaje, mientras que otras piezas expanden el clima y refuerzan la sensación de viaje continuo.
El álbum fluye como una historia completa. Desde el arranque con “Hope (For a New Dream)” hasta el cierre de “Zephyr (At the End)”, las emociones se van transformando sin brusquedades. Hay momentos de introspección, pasajes más oscuros y otros donde la luz aparece de forma sutil, casi tímida. Temas como “Between the Storms”, “Afterlight” o “Follow Your Dreams” refuerzan esa idea de reconstrucción, de aprender a convivir con lo que duele sin quedarse atrapado ahí.
Es un disco pensado para el consumo rápido. Es un trabajo que invita a escucharlo con tiempo, a dejar que las texturas respiren y que cada melodía haga su efecto. SLAPPER demuestra que la electrónica también puede ser un espacio de refugio emocional, donde la memoria, la sensibilidad y la esperanza encuentran un lugar común. Un álbum coherente, honesto y profundamente envolvente.
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