
Escuché "Hypergravity" varias veces, en distintos momentos del día, y siempre me dejó la misma sensación: es un disco que no te apura, pero tampoco te suelta del todo. No entra por el golpe ni por el estribillo. Entra más por el clima, por esa incomodidad suave que se va armando tema a tema, casi sin que te des cuenta.
Se siente como un proyecto pensado de principio a fin, pero no rígido. Hay canciones muy cortas, otras que respiran un poco más, y ese ir y venir termina siendo parte del encanto.
Nada parece puesto para lucirse solo. Todo suma a una especie de relato interno que no necesita ser entendido del todo para funcionar.
Al escucharlo, lo primero que aparece es una sensación rara de estar entre dos mundos. Hay momentos que suenan muy humanos, frágiles incluso, y otros donde todo se vuelve más artificial, más frío, más distante. Esa mezcla no se explica, simplemente pasa. Y cuanto más avanza el disco, más natural se vuelve ese contraste. No hay un “antes” y un “después” marcado, sino una transformación lenta.

Dentro del proyecto, el disco funciona como un todo. No es uno de esos álbumes donde buscás el tema “fuerte” para volver siempre al mismo lugar. Acá el peso está en el recorrido. Algunas canciones parecen escenas, otras pensamientos sueltos, otras directamente interrupciones. Y lejos de molestar, eso hace que el disco se sienta más cercano, más real.
Simplemente, cuando el álbum termina, te das cuenta de que no estás en el mismo lugar que cuando arrancó, porque hay algo que se acomodó distinto. Cambió el clima, cambió la forma de escuchar.
"Hypergravity" te acompaña, se filtra, y cuando menos lo esperás, te encontrás pensando en una frase, en una voz, en una sensación que no estaba antes. Y eso queda dando vueltas un rato más.
Visita sus cuentas: Facebook, Spotify, SoundCloud, BandCamp, YouTube e Instagram.